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Data: 7 de gener de 2018
Categories: Blog, Textos
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Girona, Biblioteca Diocesana, ms. 12, f. 524v.

L’anònim autor de la història aragonesa del papa Alexandre narra amb detall l’assassinat d’Alfons de Bisceglie, fill il·legítim d’Alfons II de Nàpols i segon marit de Lucrècia Borja, que ningú no va a dubtar a atribuir des del primer moment al seu cunyat Cèsar, secundat per Miquel de Corella. Els fets tenen lloc en 1500 i s’han relacionat amb el canvi de rumb de la política d’Alexandre i Cèsar respecte de la dinastia regnant de Nàpols.

Font: Girona, Biblioteca del Seminari Diocesà, ms. 12, f. 524v-527r. Ed.: Maria Toldrà, “Cèsar Borja: una antologia”, dins Jon Arrizabalaga; Álvaro Fernández de Córdova; Maria Toldrà, Cèsar Borja cinc-cents anys després (1507-2007). Tres estudis i una antologia, València: Tres i Quatre; IIEB, 2009 (Biblioteca Borja Minor, 2), p. 231-238.

Cómo malamente mataron en Roma a don Alfonso, aquel real illustre, yerno del papa e nieto del rey de Nápoles.

Inpensados casos trahe fortuna quando infeliçemente aviene: non guarda grado, non condición, non linage, non saber, antes puesto l’ombre en alto magisterio con reputación trahe la fama magníffica a ruyna perpetua, assín como animó a aquel malfortunado real don Alfonso, yerno del preffato el pontíffice, grande senyor terreno, que el miércoles, tres horas ya entrada la noche, a quinze del mes de julio -mucho notable para esti caso- de mil e cincientos anyos, con dos de su familia simplemente, sinse ningunas armas, devalando del palacio appostólico, adonde dava freqüentada visita a su sanctedat, seyendo ya fuera para passar a su posada del Pórticho, juso del corredor adonde se da la benedictión pública papal y delante las puertas de la sacra audiencia, incogitadamente e improvisa, a l’ora devida, con la grande foscha cinquo bien armados sallieron, e uno d’aquellos, de statura mediana, hombre quadrado con cuchellina spada terçeada en la mano, se afferró strechamente con el preffato real, dando todas sus fuerças por echarlo abaxo las gradas que puyan a la ecclesia de Sant Pedro. Havía enta la parte de Sant Miquel en hun callexón algunos otros baxo al delante la posada del preffato real, y al endrecho el medio las gradas otros, todos estos a cavallo. Porque non se podiesse sentir el caso que se fazía alto las gradas, davan altas vozes con apellido: “¡Duquo, duquo, duquo!” Y si echado fuesse abaxo, era preposado vestirle hun sacho e traherlo al flumen y negarlo e allí darle muerte scuríssima, vituperosa e mucho desolada. Esti real, qui huvo mucha virtut e fuerça en los braços, fizo tanta resistencia, non lo pudo echar las gradas abaxo. Uno de los suyos, teniendo spada, fizo armas con mucho esfuerço, deffendiendo a su senyor; ésti por los otros fue allí mal naffrado, mas no morió. L’otro, pues non tuvo armas, fue a la casa cridando altas vozes: “¡Ayuda, ayuda, ayuda, que matan al senyor!” Antes que la gente fue sallida ni tomadas armas, passó algún tanto. Los qui fizieron el caso, veyendo non lo podían echar, aquel qui lo tenía afferrado diole en la testa encima el polso una grande cuchillada en la parte ezquierda; fue tanto sobergua e fuerte, le tochó en la pía mater; e veyendo que los servidores de la casa crescían con armas, lo dexó. Esti maltractado voltó para palacio, que non le fue seguro tirar a su posada. Otra vuelta qui fizo el caso, penediéndole como se yva y no enta la posada, que por los otros fuera allí muerto, con la grande scuredat corrió y por deçagua diole otro colpe encima la spalda en l’ombro, que a la testa le tirava. Empués estos cometedores d’esti caso apressadamente, pues eran a cavallo, fuyeron. Llegado al aparato e cámeras papales, su sanctedat, qui vidió el caso, con los otros circunstantes fueron grandemente alterados, veyendo esti mal tractamiento; qui vidió la testa e qui la spalda non le judichó vida para una hora. Y, mandando su sanctedat, fue puesto por su grande seguredat en una recambra empués aquella adonde dormía su sanctedat. Non creyendo deviesse vivir aquella noche, como a buen christiano, demandándolo él mesmo, recorrió al grande médicho supremo Dios eterno por su complida salut e confessó, empués comunichó e quiso el olio sancto, remetiendo su vida en manos de su deydat inmensa. Su sanctedat, como aquel qui era previsto en cosas mundanas, creyó que qui havía emprehendido aquel caso y en persona tanto assenyalada, a mayor cosa passaría en dar acabada muerte a esti su yerno. D’esti inhumano e crudelíssimo caso muchos judicios por qué ni de dónde venía se fizieron, mayormente que se vidió qu’el pontíffice non mostró indagación cómo avenía esti grande insulto y se lo calló, como aquel otro caso de la memoria turpíssima e tanto desolatíssima muerte del duquo de Gandía, su fixo, qui fue capitán general de la Ecclesia, por su sanctedat fecho. Creyó su sanctedat, e muchos otros ahún credieron, qu’el Césaro, como fizo aquella de invidia grande, fizo esti otro caso tanto innominioso, y dio scilencio a todo. Mas los de palacio doméstichos e familiares a su sanctedat judicaron en muchas maneras: que por deffender el duquo Valentino al roy de Francia, y don Alfonso, duque de Piselli, a su tío el rey de Nápoli, avino esta yra entre estos dos cunyados. Otros dixieron que hun día, jugando a cartas, andava parada de CC ducados d’oro, dixo el Césaro: “¿Cómo stás tú, si pierdes?” Respuso don Alfonso: “Si pierdo, tengo adonde retraherme; mas si tú pierdes el que tienes, ¿cómo estás?”. Estas parablas fueron tanto yradas e interpretadas a mal fin que truxo esti caso. Otros dixieron que por el caso tanto fortunado que avino al pontíffice[1] entendió lasoras saquear e robar la casa e palacio appostólico esti duque Valentino, dubdando de la muerte paterna. De tantas insignias e cosas preciosas con otro moble quería esti duquo Valentino todo el robo para sí; el príncipe d’Esquillaig, su hermano, quería su parte y el preffato don Alfonso por su muxer, fixa de su sanctedat, quiso su parte. E non podiéndose concordar entre sí e no, cresció esti odio mortal entre ellos que esti duque Valentino prepuso matar al preffato su cunyado don Alfonso o buenamente o mala, e ninguno podiesse haver parte del spolio, robo, privadança ne favor ninguno con el summo senyor, sino él solo. Déxense adeparte los amores tanto strechos del preffato duque Valentino con la princesa d’Esquillaig, su cunyada, hermana del preffato real don Alfonso, por los quales andava entre estos cunyados alguna reliquia de malencolía simulada; y agregada esta malicia con las otras pudo traher esti caso; quísose judicar por algún reçelo pudo tener la mano ella en esto. Esti caso d’estas naffras fue tanto fuerte y en tiempo que regnava aquella canícula, fuerte stel que tiene alterados los cuerpos humanos. No res menos su sanctedat huvo respecto en la edat tierna del preffato su yerno que aquello le ayudaría; fueron havidos médicos e cirúrgicos subtiles en su arte e magisterio por fazer la cura perfeta d’esti paciente. Y entendido en ella, como fuesse la fama mucho vulgada non sólo por Roma mas por deffuera, e por cartas llegó a los hoýdos de la magestat del rey de Nápoles, su tío, fizo su excellencia grande demostratión d’esti caso, e por su mandado prestamente dieron partida de Nápoles médicos e cirúrgicos con otros para servicio de la persona e naffras del preffato su sobrino el duque, al qual mucho mostró amar. Éstos el domingo a XVIIII del mes de julio entraron en Roma con cartas comendaticias de su real magestat de la persona del preffato su sobrino, e cómo el caso seguido lo stimava tanto como si fuesse avenido en la persona del duque de Calabria, su fixo primogénito. Estos nuevos venidos entendieron summamente e con grande vigilancia en la cura, servicio e buen tractamiento d’esti real; los otros qu’el papa hi puso fueron apartados. Acudieron con su sanctedat, por reverencia de la dignidat real y el sangre strecho que tenía con el grande rey d’Espanya, l’embaxador d’Espanya y del grande emperador, de los reyes de Portugal, Navarra y de Nápoles, y de potentades otras, doliéndose d’esti fortunado e diabólicho caso; y aquel d’Espanya con su sanctedat huvo grande fablamiento. En estos días el preffato duque Valentino, pues las puertas de las cámeras paternas pontifficales l’eran ubiertas quando quería e como le plazía, dio muchas visitas al preffato su cunyado porque non se judicasse él haviesse cupido en el caso, el qual dissimuló, e podiesse bien sentir e saber en él a ffin que, si le pluguisse del contrario, peor del passado podiesse provedir. Avínose empués que por la grande cura que esti senyor huvo, havía trenta tres días, seyendo fuera de todo periglo, porque de su sanidat muchos inconvenientes en vengança de tanta injuria se podieran seguir, y d’ellos su sanctedat pensava podieran acahescer encima el Césaro, su fixo, al qual tanto quería, no res menos su sanctedat, pues vidió la grande milloría, recelándose de otro danyo peor del passado, rogó a los embaxadores del emperador y al d’Espanya e a otros tomassen en guarda d’ellos al preffato don Alfonso, que su sanctedat se reçelava de algún otro mayor insulto peor del passado. E ya que por servir e complazer a su sanctedat fuesse delliberado e assignado el día para tomarlo, el día antes, que fue martes a XVIII d’agosto de mil e cincientos anyos, captada hora, que su sanctedat non fue en su cámera o que la santedat preffata assín lo dissimulasse por la yra latente que tenía al excellentíssimo rey por l’interesso del realme, cinquo mudados de ropas entraron en la cámera; e fallándolo solo con una creatura que solaçava con él -entre aquellos se creyó fue el Césaro y aquel Michalet o don Miquel Corella-, havieron parablas mucho indignadas con el paciente, en tal forma que encima las naffras ya quasi curadas le daron nuevas punyaladas e colpes mortales, peores de las primeras, y tallaron e tomaron a su plazer de donde quisieron; y decontinente, sinse otro intervallo, morió corporalmente el preffato don Alfonso real. Sentida esta muerte, variamente se recitó, y cómo era muerto de spasmo que le vino en la testa. No daron vista del cuerpo ne a la propria muxer ne a la hermana, ne permittieron que los neapolitanos qui lo servían e curavan lo veyessen, antes d’aquellos e d’otros spanos por hun color simulado los mandaron tomar e truxiéronlos en presión al castillo de Sancto Ángelo, entre los quales fueron dos tíos maternos al muerto y a la princessa su hermana. E súbito, por hun colocar esti caso, fueron echadas famas qu’el muerto con ellos e otros tenían preposado matar unos dixieron al papa, otros al duque Valentino; esto fue por cobrir la crueldat de la muerte orribilíssima de reziente seguida. Y schampada por Roma esta fama, l’embaxador de Nápoles cuytadamente cavalgó a palacio por veyer e sentir el caso d’esta muerte, que al mundo truxo a maravilla, porque el mesmo día del caso de las primeras naffras stava mucho bueno e casi sano; como era muerto non ge le quisieron mostrar. Y qui se quiera que fue diole aviso de la presión d’aquellas gentes y que se guardasse non lo tomassen como a consçio del caso. Esti embaxador, amedrido, prestamente se fue e comendóse al embaxador d’Espanya, narróle la muerte, que la innorava, e por la vida del grande rey d’Espanya e por aquella sangre que tenía con su rey non permetiesse fuesse maltractada de tormentos ni en otra manera de presión su persona; esti embaxador d’Espanya lo acceptó en sí e diole reposo de mucho reçelo, cavalgó a palacio e húvole toda seguredat. Fue demandado esti cuerpo real para mandarlo a Nápoles; su sanctedat lo denegó, que él le quería fazer sepultura sollempne. Y en la noche ya scura, en la capilla dentro Sancta María de Febribus de la ecclesia de Sant Pedro, con una antorcha fue puesto depósito de su cuerpo adonde iaze el papa Calixto, tío d’esti senyor Alexandro, moderno pontíffice.

Nota

[1] L’esfondrament del mes de juny d’una sala del Vaticà on hi havia el papa i altres curials.

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